¿Por qué escriben las máquinas que escriben?

Por Eugenio Tisselli

  1. No se trata de preguntar aquí si una computadora puede o no escribir un poema.

    1.1. Las máquinas mecánicas y conceptuales que generan escritura – poesía o no – a partir del cálculo, tienen una historia mucho más larga que las computadoras. No es mi propósito revisar esta historia, pero me parece conveniente no perder de vista el arco pre-digital que va desde los orígenes de la magia, la Cábala y la composición musical, pasando por los autómatas escribientes de Pierre Jaquet-Droz, hasta la escritura basada en constricciones del grupo Oulipo, creado en 1960 y aún activo [1].

    1.1.1. Los hilos conductores de las máquinas de escritura son varios: el papel del autor humano como escritor de reglas que generan textos, el juego de ida y vuelta entre el autor humano y el no-humano, o las matemáticas y la lógica como fuentes de creación formal.

    1.1.2. Estas formas de escritura vinculan el cálculo con una enorme imaginación especulativa, en la que el lenguaje se convierte en un material plástico con el cual modelar o esculpir.

1.2. Las máquinas generadoras de poemas basadas en tecnologías digitales (computadoras) dan continuidad a la historia de la escritura creada a partir de cálculo, reglas, y algoritmos, e introducen algunas innovaciones.

1.2.1. Tomemos, por ejemplo, los bots poéticos [2], que generan poesía usando diferentes lenguajes de programación, tales como JavaScript o Python.

1.2.1.1. El papel de los humanos que crean bots poéticos puede entenderse desde la noción de meta-autor: si un bot poético es el autor material de formas escritas (frases, versos), entonces el humano que lo programó es el meta-autor (es decir, el autor del autor) de esas formas. El trabajo del meta-autor es puramente lógico-conceptual.


1.2.1.2. El trabajo del meta-autor, entonces, estará compuesto por dos elementos creativos bien diferenciados: los algoritmos y las fuentes lingüísticas.


1.2.1.1.1. Los algoritmos, o programas, son conjuntos de reglas combinatorias, aleatorias o de otro tipo, que operan sobre elementos lingüísticos.

1.2.1.1.2. Las fuentes lingüísticas consisten, generalmente, en listas de palabras, frases o elementos gramaticales combinables que, al sufrir la operación de un algoritmo, acaban formando un poema.

1.2.2. El trabajo de los meta-autores de bots poéticos es heredero de Eliza: un programa ya clásico que, a través del intercambio lingüístico con un humano, simula ser una psicoterapeuta que responde en pantalla a las preguntas escritas por su interlocutor [3]. El funcionamiento del programa es muy sencillo:  analiza ciertos elementos lingüísticos escritos por el humano (verbos, adjetivos o sustantivos), y elige la respuesta más apropiada a partir de una lista de frases pre-definidas. Eliza fue inventada por el profesor del MIT Joseph Weizenbaum entre 1964 y 1966 y, a pesar de sus evidentes limitaciones, es aún una fuente de inspiración para quienes trabajan en el campo de la inteligencia artificial.

1.2.2.1. El coqueteo entre computadoras (máquinas textuales) y poesía (máquinas lingüísticas), que perdura hasta nuestros días, tiene un claro punto de partida. Se trata de la Prueba de Turing, formulada por el matemático Alan Turing en 1950. Imaginemos a un humano sentado frente a un muro: el humano sabe que, detrás de ese muro, cuenta con dos interlocutores: otro humano y una computadora. A través de una interfaz de escritura, dialoga con ambos sin saber cuál es cuál. Se dice que, si el humano sentado frente al muro no logra distinguir cuál es el humano y cuál la computadora, entonces esa computadora supera la Prueba de Turing [4].

1.2.2.1.1. Como si esa computadora fuera inteligente.

1.2.3. Pero, ¿la inteligencia reside exclusivamente en el lenguaje, incluso en el no verbal?

1.2.4. ¿Podemos imaginar alguna medida para determinar la inteligencia humana (o no-humana) que escape a toda noción de lenguaje?

1.2.5. Lo que la prueba de Turing revela, junto con el fracaso generalizado de la inteligencia artificial, es que ni siquiera hemos sido capaces de articular una definición satisfactoria sobre lo que es la inteligencia.

1.2.5.1. El centro: la inteligencia, está ausente. Nos resulta algo inasible, inexpresable: cerrado y oscuro. Circunferencia vacía. Si nadie me pregunta lo sé, si trato de explicarlo no lo sé [5]. Ian Bogost expresa el malentendido de Turing de forma clara y sucinta: las computadoras no son inteligentes; más bien son persuasivas [6].


2. Se trata, más bien, de preguntar si una computadora puede querer escribir un poema.

2.1. Estamos hablando de motivación, de voluntad. ¿Puede una computadora tener voluntad?


2.1.1. ¿Y qué tiene que ver la voluntad con la poesía?

2.1.2. Nos introducimos en un jardín semántico y hablamos de sus flores: motivación,voluntad, causa, sentido. No son iguales (la sinonimia es una mentira), pero comparten tierra, agua, aire y sol.

2.2. Un poema existe de forma independiente a la voluntad del humano o no-humano que lo escribe. Las causas / motivos / sentidos de un poema quedan sin expresarse: no están detrás ni debajo de la forma desnuda: se pierden, se oscurecen, se cierran y se van con el poeta. El mundo no depende de mi voluntad [7].

2.2.1. En la poesía no hay explicaciones: de allí su fuerza: de allí su vulnerabilidad.

2.2.2. Timothy Morton sugiere que las causas de las cosas, en particular las de un objeto artístico (un poema, por ejemplo) son parte de su estética (su apariencia): Más allá de ser la chispa de turrón sobre el soso bizcocho de la realidad, el arte podría convertirse en un taller de experimentación y profundización sobre las causas y los efectos [8].

2.2.3. De esto se deduce que el estudio de un poema implica la observación de cómo opera en él y a través de él la causalidad: un poema interviene en la realidad de manera causal [9].

2.3. (Contradicción de 2.2.) Un poema sólo existe en función de su dependencia de la voluntad del humano o no-humano que lo escribe y, por añadidura, de la voluntad de quien lo lee. La poesía es espejo y canal de la causalidad. El mundo (el poema) es pura voluntad.

 

2.4. El sentido de un poema no se agota en su forma: se extiende hacia sus causas y sus efectos. Por ahora, dejaré de lado la indagación sobre cómo puede un poema transformar el mundo de quien lo lee, para poner atención a las causas o motivaciones que podrían originarlo.

2.5. ¿Puede una computadora encontrar la motivación necesaria para querer escribir (o dejar de escribir) un poema?

2.5.1. Es justamente en este punto, en la motivación, donde ha encallado la poesía electrónica y, por extrapolación, el entero proyecto de la inteligencia artificial. Las ideas mismas de lenguaje e inteligencia aparecen huecas sin la noción de voluntad. Sin embargo, no hay modelos que expliquen satisfactoriamente la motivación humana, más allá de algunas teorías matemáticas y económicas bastante torpes sobre el comportamiento humano.

2.5.2. La motivación sigue siendo materia de la metafísica. La física de la física: ¿por qué se mueve lo que se mueve?

3. La poesía es causalidad. Si aceptamos esto, entonces tendríamos que decir que la poesía electrónica, en sentido estricto, aún no existe, puesto que su causalidad no es electrónica sino humana. La voluntad de todo lo electrónico es la voluntad de los programadores humanos. Una especie de voluntad de segundo orden, pero humana al fin y al cabo.

3.1. Entonces, la verdadera poesía electrónica surgirá solamente cuando las computadoras desarrollen, de manera autónoma, la motivación necesaria como para querer escribir un poema.

3.1.1. Sin embargo, es posible que, sin que lo hayamos advertido, la motivación no-humana esté latiendo ya entre nosotros. Es posible que la poesía electrónica sea otra cosa: no los bots poéticos, sino otra cosa que existe sin nosotros. Es posible que los humanos no logremos entender el sentido de la poesía de las máquinas. Los estados de error, los quiebres, los funcionamientos absurdos: las pantallas que se congelan, el rehusarse a funcionar, los chispazos, en fin, de voluntad puramente electrónica: ¿no serán todos ellos los verdaderos poemas electrónicos?

4. Lo que tenemos ahora, eso que llamamos poesía electrónica, no sería entonces más que un sofisticado ejercicio de estilo: rico en persuasión, en el mejor de los casos, pero carente de un/a verdadera motivación / voluntad / sentido electrónica/o. Por ello, la poesía electrónica no existe, a menos que la motivación, la voluntad, el sentido y las causas de las máquinas se estén cumpliendo ya a través de nuestra acción (o a pesar de ella, o por debajo de ella), sin que nosotros lo notemos. ¿Podría ser? Es difícil saberlo.


Referencias.

 

[1] Para una revisión profunda de la historia de las máquinas de escritura, recomiendo el libro Escrituras nómades, de Belén Gache. http://www.findelmundo.com.ar/belengache/enomades.htm

 

[2] En ‘I <3 E-Poetry’ se puede encontrar una recopilación de bots poéticos. http://iloveepoetry.com/?p=5427

[3] Una versión de Eliza escrita en JavaScript: http://www.manifestation.com/neurotoys/eliza.php3  

 

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Test_de_Turing

 

[5] Cita más o menos textual de Agustín de Hipona.

 

[6] Bogost, Ian, “The False Logic of Computationalism” http://www.bogost.com/blog/the_false_logics_of_computatio.shtml

 

[7] Cita de Ludwig Wittgenstein.

 

[8] Morton, Timothy, “An Object-Oriented Defense of Poetry”

 

[9] ibid.

 


 

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