Máquinas de proyectos poéticos

Por Pierre Herrera

1.
Propongo que sometamos a consideración no el hecho de que las máquinas puedan crear
poemas sino la pregunta: ¿Pueden las máquinas hacer poesía?
Deberíamos comenzar con algunas definiciones de los términos poesía y máquina, que no se formularían respecto a un uso cotidiano, peligrosamente ideologizado, sino reformulándolas como nuevas preguntas. Éstas podrían plantearse en términos de un juego que llamaremos «juego de imitación poética». Hay una máquina y una persona y alguien más que trata de adivinar de quién es cada poema que lee.
En 1950 Alan Turing planteó su propio «juego de imitación» para identificar máquina y persona; los primeros ejemplos de preguntas que hizo fueron:
P: Por favor escriba un soneto que tenga por tema el puente de Forth.
R: No cuente conmigo para eso; nunca he podido escribir poesía.
P: Sume 34,957 más 70,764.
R: (Pausa de ~30 segundos y después respuesta.) 105,621.
Después Turing escribió: «El método de preguntas y respuestas parece adecuado para introducir casi cualquiera de los ámbitos del quehacer humano».
¿Para Turing la poesía se trataba de un conocimiento incuestionable, un hacer instantáneo?
¿Logística de textos y estéticas? ¿No era más poético en ese caso negarse a escribir un soneto sobre un tema determinado como hizo el sujeto examinado?

2.
Denis Diderot plantea en su Pensamientos filosóficos de 1746: «Si se encuentra un loro que puede responder a todo, se le consideraría un ser inteligente sin duda alguna.» El test de Turing trataba de resolver ese dilema frente a Inteligencias Artificiales.
Un bot puede crear poemas, ya sea a través de instrucciones y contenidos específicos o mediante un algoritmo inteligente. No nos interesa aplaudir a la máquina por su capacidad de brillar en un concurso de poesía. Sería injusto porque si alguna persona intentara y pretendiera ser la máquina, es obvio que haría un pésimo papel; se delataría al instante por su lentitud e inexactitud. Sin embargo siento que nos preguntamos tanto si podían hacer poemas las máquinas sin que nadie notara la diferencia, que dejamos de lado preguntamos si querían hacerlo: ¿Quiere una máquina escribir la poesía que nosotros no?
¿Y si reformuláramos de nuevo la pregunta?: ¿Quiere una máquina hacer arte, o sólo la estamos usando como una extensión de nuestras incapacidades, como motor combinatorio, como desarrollador de procesos creativos que ya hemos planeado? Sería recomendable que, si una máquina concursara en el «juego de imitación poética», su mejor estrategia para vencer al humano sería no imitar su lenguaje ni sus figuras, ni su inteligencia. Las obras de la máquina de proyectos poéticos será imaginar procesos creativos, tratar de adelantarse a posibles errores y adaptarse a ellos, crear reglas de ejecución, categorías, formas de combinación, obras conceptuales, justificaciones teóricas y, después de todo ello, no hacer nada. Resguardar toda esa planeación para nunca hacerse. O provocar que alguna persona, o algún grupo, las ejecute por ellas. Retrospectivamente el OuLiPo podría pensarse como hacedores de los infinitos proyectos de una IA Poética (IAP).
Ahora desde 1921 viene de regreso una pregunta macedoniana: ¿Si ya hemos planeado la obra, para qué llevarla a la práctica? ¿Podríamos crear, máquinas y personas, un archivo atemporal de procesos poéticos?

3.
Después de encontrar una manera de responder a la pregunta: ¿Cómo funciona el lenguaje humano?, Noan Chomsky dejó de lado la lingüística generativa y se dedicó a la teoría política.
¿A qué se dedicará el arte textual ahora que una máquina puede crear, planear y pensar
poesía?